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Elena Cas

LIBROS

CARTAS A UNA JOVEN MATEMÁTICA

CARTAS A UNA JOVEN MATEMÁTICA

 Hace ahora siete años que me licencié, y desde entonces han sido varias las ocasiones en que  rememoré momentos de aquellos mágicos años. Algunas veces añorando la presencia de amigas repartidas por toda la geografía española, en otras recordando situaciones con gente de la residencia o de la facultad, que de ser  meros conocidos pasaban a amigos en un instante. La libertad de la edad y el estudiar fuera de casa hacia que conociera a muchísima gente. A veces se me han venido a la mente nombres de gente a la que asistí a su cumpleaños, a fiestas de inauguración de su casa,….volvernos en coche a la residencia, gente a la que por esa distancia familiar pasaban a tomarle aunque efímero, cariño, y no volver a saber nada de nada de esas personas.

 He vuelto a acordarme de profesores de la facultad, de Sevilla en general. Pero hasta ahora, y aunque suene paradójico dada mi profesión, no me había vuelto a acordar de las Matemáticas. Las Matemáticas que allí conocí, las que me encantaron y me encandilaron, más profundas y extraordinarias de lo que me podía haber imaginado nunca. Cuando volví a Córdoba y a las oposiciones volví a las Matemáticas de siempre, las de toda la vida, las de andar por casa. Lo mismo que me pasó las amistades. Aquí hago una salvedad, Álvaro, aunque a ti te conocí cuando todavía no había terminado.

 Ahora he leído un libro, “Cartas a una joven matemática”, que como si hubiera abierto un álbum de fotos perdido, me ha traído a la mente aquel mundo “imaginario” con el que tanto disfruté. No es que el libro esté lleno de teoremas y de corolarios, de hecho es “para todos los públicos”. Muchas veces un simple aroma, nos hace viajar en el tiempo.Este libro me ha removido pasiones pasadas. Y me ha hecho pensar en volver a estudiar. 

Las cartas van dirigidas a Meg , una joven que al principio en el instituto se ve que se está planteando estudiar la carrera de Matemáticas, y se ve  a través de dichas cartas como va evolucionando Meg en el mundo matemático, hasta convertirse en profesora titular de la universidad. Este es el marco que ayuda al escritor a ir abordando muchos temas como las demostraciones matemáticas o como se encuentran ahora las investigaciones. 

Cuando estuve en la facultad, pese a tener amigos dentro de mis compañeros, nunca mantuve conversaciones sobre lo que estudiábamos. Estudiaba sola, apuntaba dudas que resolvía telefónicamente con algunos de mis compañeros más cercanos, o las más difíciles directamente con los profesores (eso ya los últimos años que le perdí el miedo a los despachos). En el libro hace especial hincapié a la comunicación matemática y a la importancia de leer matemáticas. Nada de eso hice yo en Sevilla, quizás por que una va unida a la otra, no podía  hablar de algo tan sumamente abstracto como lo que estudiaba sino lo colocaba en un marco, ya fuera histórico, como funcional, como de su propia evolución. 

Espero que no me ocurra como cuando me encuentro con una vieja amiga y hacemos propósitos de vernos más. No quiero que solo queden propósitos.

LA CASA DEL BOTICARIO

LA CASA DEL BOTICARIO

 Por fin terminé el libro que ya no recuerdo ni cuando empecé a leer, pero seguro que hace por lo menos dos meses….o.

Y lo único que creo que no olvidaré de lo que he leído, es que el pintor Vermeer pintó con una cámara oscura (caja con juego de lentes que le permitía proyectar la imagen en el papel o lienzo, para mejorar la calidad de su dibujo), y algunos aspectos de la vida de las personas que viven en barcos en los canales de Ámsterdam.  

Yo soy de la teoría que los libros, no tengo que soportarlos. Si no me gusta a dejarlo y coger otro, pero aunque lo tengo claro, dar el paso me cuesta trabajo. Es como si me dijera, venga que en el siguiente capítulo mejora.  

Recuerdo el libro de Fernando Delgado, “La mirada del otro”, que tiene creo el premio Planeta. Este señor nos hacía mucha gracia a mi hermano y a mí, pues tenía una forma muy curiosa de finalizar los telediarios, pero sus libros la verdad es que no me hacían tanta gracia. Ya me pareció raro “Háblame de ti”, pero bueno el ambiente italiano evitaba que diera el paso de dejarlo sin terminar, eso, y que era de los primeros libros que me compraba yo (en Universitas, que por cierto hace años que ya no voy por allí). Pero cuando llegué a “La mirada del otro” todas sus oportunidades se las llevó su predecesor, y no vacilé en dejarlo en  mi inclinada estantería sevillana. 

Ahora se me están viniendo a la mente otros como “El árbol del pan”. Cuando mi amiga Leticia leía libros de asesinatos en Estepona me extrañaba que le resultara creíble, ya que los detectives de mi imaginación eran más parecidos a los actores de Hollywood (¡que derroche de  imaginación!). Y que decir de los asesinos, quizás mi afortunada vida hacía que no me planteara que estuvieran cerca, también actores de Hollywood, aunque más desaliñados. Bueno, pues al empezar a leer “El árbol del pan” me pasó algo parecido, secreto y misterios estilo Código Da Vinci en el Cuartel de Lepanto, me costaba trabajo encajarlo. Así que pasó a mejor vida. 

En mi repaso mental de libros abandonados, descubro que la mayoría, por no decir todos los que he abandonado, han sido regalados. Es como si al comprarlos yo, y libremente los trasladara de la librería a mi casa, me comprometiera con ellos en algo. Y si los abandono, rompiera ese compromiso, y tuviera que reconocer que me había equivocado (defecto que dicen prodigo, el no reconocerlo, claro). 

  “La casa del boticario”  lo compré yo.